domingo, junio 28, 2009

Por qué

Locuras de juventud, quizás. El deseo de cumplir con aquél anhelo de un rockero intrascendente, contemporáneo, que fantaseó con "ser el murmullo de una ciudad que no sepa quién soy" pero no se animó a dejar de lado las comodidades conseguidas en base al sacrificio de antaño. Tamaña decisión, en la balanza, es compleja. Lo juro. Comida caliente, lugares, aromas, recuerdos, salidas con amigos y amigas -hermanos de la vida-, partidos de fútbol, trabajo. El Rojo, la familia. Todo en stand by, por lo menos hasta la vuelta. En ese entonces, seguramente, lo importante seguirá ahí, firme. Latente. Lo que no, probablemente no merecería tanto afecto.


Apoyado por una solvencia económica que lo permite, a los 17 años decidí empezar la vida de una manera infrecuente. Bajando de un avión con más dudas que certezas y, a la deriva, sentir cómo los aires de libertad disfrutaban pegándome de lleno en la cara. Madrid. Buscar algún centro turístico y conseguir un trabajo que permitiera ahorrar unos morlacos era la misión para, a la postre, poder gastar la suela sin sufrir tanto las consecuencias. Por un año, no más. Después, a estudiar periodismo; el otro deseo.



En la librería de la esquina, Betty separó prolijamente un mapa nro. 5 del continente europeo. Un lápiz y un papel oficiaron de compañía durante largo rato. Era hora de soñar. Milán, Bruselas, Berlín, Amsterdam, Mónaco, París, Polinesia, Atenas, Saint Trhopez. Praga, Londres, Ibiza, qué más da. Todo lo que el bolsillo permitiera. La burocracia obligó a doblar la cartografía y condenarla al ostracismo del cajón del escritorio. Tirarla jamás, más tarde que temprano sería útil. Lo sentía.


Entonces, a estudiar. Hola periodismo. El círculo, la radio y una nueva etapa. Domingos de largos viajes hasta Mataderos para dar informes sobre fútbol internacional. Después, las grandes ligas. A cubrir Arsenal de Sarandí, Argentinos Juniors, San Lorenzo. Fútbol al Rojo vivo. La Mesa del Fútbol e Independiente. Guau. Todo iba bien. Sin embargo, en el 2008 sería pasado. Sumado a la profesión, cómo no mencionar tantas noches de Seven con previas en la vieja casa de Gonza de Rondeau. Gente nueva, momentos inolvidables. Pero era tema juzgado, terminada la cursada, la travesía.


El final de 2007 encontró los planes armados: vacaciones en enero, una pseudo despedida. Opinión Pública en febrero, el viaje para Marzo. Ja. El 26 de diciembre conocí a Pablo Orsi. Se confundió y confió. Me ofreció trabajar en un suplemento deportivo para el diario BAE. No se podía despreciar la propuesta. Cambio de planes, volumen dos. Pasaron los meses, pasó el trabajo. Una nueva oportunidad. Casi.


La vida sorprendió de nuevo, para mal. El vecino de arriba entendió que juntos eran dinamita y, a falta de uno, lo vino a buscar. El ing. Vergatiesa ya iluminaba las noches desde alguna estrella, ¾ y Luz se sumó a la movida. Un duro cortito al mentón. Era momento de amigos y familia. Poco más. Sin embargo el mapa seguía ahí, juntando polvo en el cajón izquierdo.



Con el tiempo, 24CON golpeó la puerta. Bienvenido. Caminamos juntos, compartimos grandes momentos pese a la crisis mundial. Nos hicimos mínimamente conocidos y, de pronto, zas. El círculo vicioso. Otra vez. Eran tiempos de llorar o aprovechar. Con jóvenes 22 años y cinco de experiencia en un mundo extraño, jodido si los hay, era momento de decidir. Dejar todo atrás y cumplir esa vieja fantasía de viajar, o desistir de ella por completo. La debacle financiera, un detalle al margen. Saqué el mapa y refloté la idea. Es el momento. Ahora o nunca. Ahora.


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